La esgrima: un estilo de vida

Por: Samuel Pedraza Hernández*

Conocida como aquella actividad física en la que se hace uso de objetos delgados con proporciones largas (una muestra pura del ignoto conocimiento global con respecto al tema). La esgrima, trascendiendo de esta elemental noción, se trata de una necesidad humana e incluso más allá de esto, de un estilo de vida.

Aquella definición menos rudimentaria de esta magistral destreza sería «el arte de tocar y no ser tocado». Una labor tan primitiva que se remonta a la lucha entre seres humanos con espadas, algo tan intrínseco para el hombre como lo son los instintos más esenciales, desde el hambre hasta la sed. Es esta magistral pasión, distintiva por la lucha con espada, la que, a través de un marco de reglas extensas, fungidas por una bienaventurada comunidad en la formalización centralizada en pro de la seguridad, se plantea con ingeniosa versatilidad en la esgrima.

Aunque regido bajo un concepto arraigado desde hace centenares de años, su proceso de evolución al deporte se remonta a los siglos XVI y XVII, cuando en Egipto se formalizó el diseño de combates con la exclusiva finalidad de la recreación. Es decir, despojándose de aquel distintivo sentimiento de supervivencia, decisivo entre la vida y la muerte, el cual se plantea en un combate real. Todo lo mencionado se llevó a cabo a través de prendas gruesas y estorbosas, aún no estandarizadas, y bajo un conjunto de leyes mínimas. Así, este nuevo concepto se expandió por diversos países y, a su vez, por varios continentes hasta consolidarse en España, territorio en el que la esgrima tomó mayor relevancia, pasando de ser vista como una actividad recreativa a ser tratada por primera vez como un deporte tangible, al nivel de disciplinas como la natación o el tenis. Fue en esta etapa cuando se comenzó a implementar indumentaria más adecuada para esta disciplina.

Todos estos avances, tanto en el equipamiento como en las reglas, han dado lugar a una competencia más ágil, en donde ya no resulta eficiente elaborar ataques basados en la fuerza. Como resultado, la esgrima es un deporte sumamente dinámico, que entrelaza el tiempo y el espacio para lograr acciones precisas y con prontitud. Cada punto conlleva una descarga de emociones, donde el cansancio acumulado es obligado a ser ignorado dentro de lo posible, porque, al final, ambos contrincantes estarán desgastados.

Todo este esfuerzo llegó a su máxima expresión en el momento decisivo: el 14 a 14, donde, con dos pasos fondo, acción en la que, con desesperación, ambos contrincantes se deciden a atacar en una jugada llena de premura en la búsqueda de la victoria. Es en esta situación donde se refleja la verdadera esencia del esgrimista: aquel que, aunque no destaque, sigue practicando, consciente de que quizás nunca ganará una competencia, pero que, aun así, continúa entrenando y batiéndose sin dejar de lado su competitividad. ¿La razón? Porque es divertido.

Esta es la verdadera justificación por la que vale la pena esforzarse, por la que toda una vida puede ser entregada y, en muchos casos, sacrificada. Y es que este deporte, dentro de su complejidad, es sumamente apasionante.

Es esta la idea subyacente por la que me atrevo a decir que la esgrima es un estilo de vida más allá de un deporte, pues radica en que, al contrario de la mayoría de las disciplinas, en las que un grupo de personas la practica, solo como pasatiempo, en la esgrima, al tratarse de una actividad tan exigente, que demanda tantos recursos como el tiempo y el esfuerzo, no resulta viable practicarla solo por diversión. Y es que cualquiera que realice esgrima es porque está completamente enamorado de este arte. Como consecuencia, la mayoría de los esgrimistas encontramos imposible verla como una simple actividad del día a día …

Más que nada, eso, la esgrima es nuestra vida.

*Estudiante del Colegio Alfonso Reyes Echandía IED

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